Los cenotes mágicos de Bacalar

Bacalar es famoso por su Laguna de los Siete Colores, pero la laguna se alimenta de un puñado de cenotes, y cada uno tiene su propio carácter. Los cenotes son pozos naturales de agua dulce; los antiguos mayas los consideraban sagrados y hoy siguen atrayendo a quien los visita. Algunos son lugares tranquilos para nadar; otros caen a profundidades que solo conocen los buzos. Estos son los cuatro que conviene conocer antes de tu viaje.

1. Cenote Azul: el azul profundo de Bacalar

El Cenote Azul es probablemente el más conocido de los cenotes de Bacalar, y basta una mirada para entender por qué. El agua es de un azul intenso y saturado, y baja unos 90 metros (295 pies), lo que lo convierte en uno de los más profundos de la zona. La selva rodea el borde, así que incluso en un día concurrido se siente apartado.

Está justo sobre la carretera, en la entrada sur del pueblo viniendo de Chetumal, así que es una primera parada fácil. Aquí puedes nadar, hacer snorkel o bucear; el agua es tan clara que se distinguen las paredes de roca y los peces que las recorren. En la entrada hay un restaurante para comer algo local con vista al agua. Se cobra entrada, y el cenote pide a los visitantes no usar bloqueador ni repelente para ayudar a mantener el agua limpia.

Agua azul de un cenote en Bacalar

2. Cenote Cocalitos: hogar de los estromatolitos

Cocalitos, a unos 4 kilómetros al sur del pueblo siguiendo la orilla de la laguna, importa por algo más que su belleza. En sus aguas someras viven estromatolitos, montículos con aspecto de roca que colonias de microbios han levantado a lo largo de miles de años. Estructuras de este tipo están entre las evidencias más antiguas de vida en la Tierra, y sus antepasados ayudaron a llenar de oxígeno la atmósfera hace miles de millones de años. Aquí siguen vivos y siguen creciendo.

El agua es poco profunda y tibia, con hamacas y columpios montados dentro de ella, así que este es el lugar para flotar toda una tarde. Aplican dos reglas, y se hacen cumplir en toda la laguna: no toques, no pises ni te sientes en los estromatolitos, y no entres al agua con bloqueador ni repelente de ningún tipo, ni siquiera biodegradable, porque aporta nutrientes que alteran el equilibrio de la laguna. Se cobra entrada, y vale la pena confirmar los días de apertura antes de ir.

3. Cenote Negro: el misterio oscuro

El Cenote Negro, también llamado Cenote de la Bruja, está pegado a la orilla poniente, un poco al sur del pueblo. Su nombre viene del agua: visto desde una lancha, el turquesa de la parte baja termina en una línea nítida y la laguna se vuelve casi negra, porque el fondo cae a más de 90 metros (unos 300 pies), cerca de 100 según algunas mediciones. Eso lo pone a la par del Cenote Azul entre los puntos más profundos de Bacalar.

La mayoría llega en lancha, velero o kayak desde los muelles del pueblo, y es parada habitual de los recorridos por la laguna. Los buzos vienen por sus paredes verticales; los nadadores, por la sensación extraña de flotar sobre el borde del abismo, con la laguna pálida de un lado y ese azul profundo del otro. Una leyenda local sobre una curandera que vivía en su orilla le dio su segundo nombre.

Cenote Negro en la Laguna de Bacalar

4. Cenote Esmeralda: la joya esmeralda

El Cenote Esmeralda debe su nombre a los tonos verdes y azules de su agua, un corte claro con el turquesa que lo rodea. Parece apacible, y cerca de la orilla lo es: agua tranquila y clara para nadar sin prisa. Pero no es una alberca somera. El centro alcanza unos 70 metros (230 pies), y un ojo de agua en el fondo alimenta la laguna con agua dulce.

Está en la misma orilla poniente, entre el Cenote Negro y Cocalitos, así que suele entrar en los mismos recorridos en lancha o kayak, y varios hoteles y restaurantes frente a la laguna dan directo a él. Es un buen lugar para bajar el ritmo: flotar, mirar cómo cambia el color y dejar que pase la tarde.

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